La realidad me persuade a diario de que mi intención inicial era la correcta. Quizás, o seguramente, porque no era esencialmente mía. Cuando intenté moderar ciertos discursos y declaraciones, cuando acepté negociar con las confesiones de los tibios, cuando negocié con el sistema… empecé a equivocarme. Seré más claro para no correr riesgo de que se malinterprete lo que quiero comunicar.
Comencé hace unos seis meses a transitar un camino del que sólo conocía su inspiración original. Cómo cualquier filosofía más o menos creativa, innovadora o renacentista, se apoyó en la revolución de mis valores, en la ruptura de ciertas certezas históricas que me propuse optimizar, y de ello nació lo que se positivamente que marcó el inicio de una nueva etapa de mi vida.
Pero también sé que esa conversión, esa revolución, ese cambio de paradigma, no nació para quedar en el plano de lo personal, sino para ser transformador de muchas realidades, convertir otras vidas y cambiar el rumbo de la existencia de más de uno. Tuve esa revelación hace varios años, y llegó en el momento de un tal estado de madurez que no pudiera siquiera adjudicarme mérito alguno, o que fuese capaz de pensar que por mi sabiduría o capacidad se me concedía este espacio. Fue justamente en el sólido sustento de una experiencia de vida con más errores que aciertos, en la convicción de mi impotencia y en la pequeñez de mi presente, en que se sustentó la edificación de un nuevo ser, con un rol social trascendente, como el que comencé a tener desde que mi visión personal e íntima se transformó en esto que hoy es “Suma Solidaria”.
Y desde allí, desde el preciso instante en que mi vida se hizo pública y mi acción social tomo todos los espacios de mi intimidad, que yo dejé de pensar por mí, y empecé a pensar por Suma Solidaria. Y en ese devenir inesperado y vertiginoso en que con el paso de los días Suma crecía y mi vida se esfumaba, comencé a confundir el proyecto original con la realidad, y la realidad con la idea. Y la inspiración platónica dio paso a un bosquejo que lejos de empezar a fructificar en bienestar personal fue derivando en tristezas y frustraciones. Resultado -hoy comprendo- lógico, del abandono del camino ideal, en pos de versiones acomodaticias, más a gusto del consumidor y menos acordes a mi propia convicción.
Esta semana se sucedieron diversos hechos que merecieron una seria pausa, y un balance parcial de los hechos. Cumplí 43 años, y en mi vida -siempre- los números relacionados al 7 han sido positivamente determinantes. Entonces, cuando me di cuenta del momento en que estaba, y en que estamos, de la realidad de Suma Solidaria, y de que había cumplido un año más, y de que 4+3 son 7, y empecé a hacer memoria de cuánta gente había pasado por Suma y ya no estaba, y vi que ahora había mucha gente nueva pero que la mayoría de esa gente que está no está prácticamente involucrada en las acciones cotidianas, y saqué cuentas, y miré alrededor …y esbocé un balance… Y necesariamente paré.
Paré y me puse seriamente a ver cómo estábamos, y a pensar cómo seguir. Se había cumplido un breve pero razonable ciclo de seis meses de trabajo y era necesario evaluar la realidad y definir el presente sin eufemismos, para luego poder planificar un porvenir exitoso.
En esta instancia debería decir que me siento feliz del crecimiento de la organización, que me alegra contar en nuestros sitios y redes sociales con más de 3.000 adherentes, que estoy orgulloso de haber inaugurado el primer restaurante solidario de Argentina, y…. Pero no. Voy a serles totalmente sincero como siempre y diré que lo que vi no me gustó. Lo que es Suma Solidaria hoy, lo que logramos, lo que sucedió en nuestros primeros seis meses no me gusta, no me conforma, no me hace feliz. Porque soñé con más, porque habíamos planificado más, y porque invertimos mucho dinero, tiempo y esfuerzo que no se tradujo en los logros supuestos.
Ante este balance y el repaso de los hechos me sentí primero muy triste, después gravemente preocupado, y en todo momento lamentablemente decepcionado. Más que nada de mi mismo, claro, porque a los demás -presentes o ausentes- se y siempre supe que no tengo nada que reclamarles. Pero yo si siento que debí poder un poco más.
Si, ya se, hay mil excusas, razones y motivos, pero no me gusta pensar así. Me gusta creer que se puede, y hacer que se pueda. Contra viento y marea. Y cómo de nada vale sentarse a llorar sobre la leche derramada fue menester decidir cómo seguir.
Entonces…
1. Nuestro proyecto de TERRA, restaurante solidario, significó una desmesurada inversión de dinero de sólo dos personas de la organización, y no pareció ser altamente valorado por los amigos y miembros de la comunidad solidaria de nuestra comunidad, por lo que se decide su cierre hasta poder lograrse un equipo de colaboradores que comparta la ardua tarea de su administración y gestión con quienes la habíamos asumido. Si no se logra permanecerá cerrado.
2. Paralelamente se produjo en las últimas semanas una prometedora apertura en otros ámbitos y en posibilidades de realización de postergados emprendimientos sociales productivos. Confiamos en que la concreción de estos nuevos proyectos, de sustancia más masiva y menor riesgo, nos permita rápidamente capitalizar la solidaridad en valores tangibles y la creación de trabajo.
3. En medio de ese panorama convulsionado y complejo, a pesar de las naturales dudas y frustraciones, se renovaron milagrosamente los principios espirituales originales que motivaron SUMA; un tanto empolvados en el campo de la ardua batalla de estos seis meses, pero plenamente vigentes. Entonces me di cuenta que debía recuperar las fuerzas y el entusiasmo, y que todo tenía que volver a su cauce original.
Es necesario recuperar la fe y volver a enarbolar las banderas de la transformación social que soñé, sustentados en el poder de Dios y en el mensaje esperanzador del evangelio. Y a quien crea que este mensaje es una exageración, decirle demostrarle con la fuerza de los hechos por qué creemos que esta es la verdad, en lugar de flexibilizar las plataformas para incluir a muchos. Es necesario recuperar la confianza en la producción de capital genuino y de recursos sustentables para que la ayuda social sea trabajo y no limosnas, y a quien este modelo le parezca descabellado responderle con más trabajo, más acciones, y más corazones dispuestos a dar. Y es necesario sobre todo, y quizás en esto me vaya el mayor desafío, contagiar a mis co-laboradores, amigos, adherentes o visitantes ocasionales, de un verdadero espíritu solidario. De un verdadero cambio de vida en el que yo “soy” en gran medida en la realización del “otro” y el otro “es” en gran medida a partir de mi compromiso verdadero, serio y cotidiano.
Estoy totalmente convencido de que los seres humanos seríamos mucho más felices si comprendiéramos en toda su dimensión el valor de “dar”, y diéramos generosamente de lo que poseemos, compartiéndolo con nuestros semejantes. Pero estoy también seriamente seguro de que apenas una pequeña minoría de quienes se confiesan solidarios lo viven cabalmente. Yo mismo escribo estas notas desde la comodidad de una casa caliente, tomando una copa y oyendo buena música, filosofando acerca de la necesidad de quienes a esta misma hora duermen con frío y con la panza vacía. Y eso, amigos, no es ser solidario.
Si yo fuese solidario daría todo lo que tengo para que ellos no pasen más hambre, más frío, o más abandono. Y no estoy hablando de dinero. Porque en esta parte me parece escuchar a los que empiezan a desfilar excusas del tipo de que “a mi tampoco me s”, de que “todos tenemos problemas” o de que ”a mi quien me ayuda” y bla, bla, bla. Pero si vos estás leyendo esto, y lográs comprenderme, es evidente que estás de la parte más beneficiada de la historia.
Vos no pasas frío, vos no pasas hambre, y vos no padeces un total abandono y desesperanza, de esos que sólo siente alguien sin cultura, sin educación, y sin proyecto de vida. Apuesto a que vos todavía tenés un sueño guardado en tu corazón, y crees que se puede cumplir. Entonces vos, como yo, tenés todavía mucho para dar. Aunque más no sea esa esperanza, esa belleza de tener sueños y esperar que se hagan realidad.
Ya se… te aburrí con tanta perorata. Mil disculpas. Pero vale toda esta exposición para explicarte porque desde hoy Suma Solidaria va a volver a ser lo que era cuando nació. Porque no está mal que hasta nosotros mismos volvamos a ser más parecidos a cuando nacimos. Volver a ver el mundo con ojos de niños, confiados como niños, generosos como niños, inocentes y felices con nada.
Desde hoy nuestra SUMA va a empezar a ser cabalmente una SUMA, evitando cualquier intervención que “reste”. Y desde hoy me dedicaré junto a quienes me acompañan, seria y firmemente, a que sea realmente SOLIDARIA.
Desde hoy, y en esta nueva etapa, transformaremos nuestro grupo en una comunidad dentro de la comunidad. En un verdadero motor de renovación social. Proponiendo, predicando y realizando un cambio posible en nuestro modo de vida, creando un grupo de gente que crea que se puede vivir diferente y viva diferente. Un equipo comprometido de amigos que trabajemos denodadamente para contagiar a muchos y beneficiarnos todos.
Porque al fin de cuentas siempre dije que eso es lo que diferencia a la caridad de la solidaridad. Mientras con una se trata de darle al que no tiene algo que me sobra, la otra trata de construir juntos un fututo mejor para todos. Y vos, y yo, también somos parte de ese todo, y necesitamos de la solidaridad tanto como quien no tiene qué comer.
Espero sinceramente que desde hoy sigamos contando con vos. O mejor aún, que empecemos a contar con vos cómo no hemos podido hasta ahora por una y mil razones. Porque a todos nos gustaría un mundo mejor, pero no nos engañemos, eso sólo es posible si empezamos a mejorarlo desde nosotros mismos. Vos podes ser parte del cambio, o seguir siendo cómplice de la decadencia, pero no podes dejar de ser parte del mundo en que vivimos.
Le pido a Dios que ponga en tu corazón el mismo sueño que puso en el mío. El sueño de ver que su reino se extiende en la tierra, con esfuerzo, pero avanzando decidido y poderoso por sobre una miseria, un materialismo y un desamor cada día más espantosos del género humano. Y le pido que te de fuerza y decisión, para que cuando yo no pueda, puedas vos.
Muchas gracias, seguimos adelante. ¿Te sumas?
Guillermo Dowyer |SUMA